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El triunfo de la participación

El triunfo de la participación

Las asambleas revolucionan la práctica política, aspiran a acabar con los privilegios que percibe la ciudadanía y defienden la democracia.


Además de prepararse para las próximas elecciones autonómicas y locales, los partidos políticos tienen ahora que reconquistar la confianza de los ciudadanos. Una fe perdida  especialmente en el modelo tradicional de formaciones jerarquizadas y mandatos establecidos. Las demandas de los votantes van más allá. Buscan participación y ser oídos. En Lanzarote varios partidos optaron ya por la formula asamblearia como Alternativa Ciudadana, San Borondón Asambleario, el Partido Vecinal de San Bartolomé, y ahora Podemos. Pero eso no supone el triunfo. Toca pasar de la teoría a la práctica.

 

La eclosión del movimiento 15M, primero, los resultados electorales obtenidos por Podemos en la convocatoria europea después y la continua demanda ciudadana de un cambio en la práctica política hacen que la toma de decisiones jerarquizada y restringida, propia de partidos tradicionales, pierda seguidores entre los ciudadanos, también los conejeros. El fenómeno asambleario está de moda. Se reclama defender y recuperar la democracia al entender que en la actualidad la práctica política ha desvirtuado el concepto incumpliendo las normas de participación. “La asamblea evita el status superior, hace sentir que la gente es igual una de otra, no hay líderes, no hacen falta títulos y la participación es directa. El círculo iguala. Así funcionamos en Alternativa Ciudadana. Quien lo desea toma la palabra y sus opiniones cuentan”, explica Domingo García, concejal de Alternativa Ciudadana 25 de Mayo (AC25M) en el Ayuntamiento de Arrecife. Su formación irrumpió con fuerza en la política isleña a principios del 2003 utilizando la asamblea como reclamo. Una fuerte crisis interna aceleró la salida de sus primeros dirigentes y provocó baches en su andadura. Y es que las asambleas plantean también algunos problemas de cierto calado. En ocasiones el método asambleario presupone que todos sus participantes tienen una cultura asamblearia, voluntad de consenso, respeto a las posiciones discrepantes y una cierta disposición para el diálogo y la negociación.  Sin embargo, la experiencia demuestra que eso no es así. Cuando no se conocen las herramientas ni los objetivos, las discrepancias no se solventan fácilmente. “En nuestras asambleas el Orden del Día se plantea a petición de los asistentes, a partir de ahí se marcan prioridades. Pero no hay un ordeno y mando. Un tema concreto se somete a votación cuando es necesario y a veces se gana y otras se pierde. Esto es algo que no todos son capaces de aceptar sin traumas”, puntualiza García.

Organización y democracia
Las formaciones asamblearias defienden su práctica y ven en los partidos centralistas una figura pasada. Los ciudadanos por su parte consideran que es preciso poner fin a los privilegios de la clase política y ven en las asambleas una oportunidad para conseguir este objetivo y a al mismo tiempo abordar sin rodeos los asuntos que preocupan pero que nadie atiende. Ahora bien, poniendo más atención sobre el fenómeno salta a la vista que quedan flecos por recortar. En ocasiones se mitifica el movimiento asambleario y no se perciben los problemas que pueden surgir en él. Especialmente cuando se suele ver en las asambleas un elemento de identificación colectiva que colma sus anhelos de expresión sin reconocer los problemas. “En Lanzarote no estamos realmente preparados para la política participativa, cuesta mucho conseguir el compromiso. En Tías hemos tenido que crear unas bases reguladoras para definir el reparto de subvenciones a los colectivos. La reunión mantenida no dio el resultado esperado. Los participantes eligieron libremente optar por la creación de unas bases en lugar de definir entre todos, con diálogo y consenso, a qué proyectos se destinaban las ayudas y partidas”, se lamenta Jerónimo Robayna, líder del Partido San Borondón Asambleario y único concejal de la formación en el Ayuntamiento de Tías. “Las decisiones en San Borondón se toman por mayoría y siempre por votaciones secretas de los miembros de las asambleas, sean locales o insular”, aclara. El método de su partido toma distancia de las formas empleadas por sus socios en el gobierno local. “San Borondón tiene un concepto distinto de hacer política. No es fácil gobernar con formaciones como el PP y se nos hace muy complicado pero vamos implantando nuevos modelos”, asegura. Efectivamente, en distintos puntos se han hecho públicas las discrepancias entre estos socios. El petróleo, las hamacas en Playa Grande o la gestión de la piscina municipal de Tías son algunos de los ejemplos.

Respuesta histórica
Desde el partido liderado por Pablo Iglesias se ponen manos a la obra para definir sus principios y planteamientos organizativos. Buscan dar forma y ordenar el éxito logrado en las elecciones europeas para llegar a las municipales de 2015 con un aparto mejor armado. “Nos corresponde dar una respuesta histórica para probar que efectivamente somos capaces de organizarnos. La casta está aterrada y tiene la vista puesta en la capacidad de organización que demostremos. La participación está abierta a todos y solo hay que mostrar predisposición a participar para acercarse a las asambleas”, aclaran desde Podemos. En Lanzarote la formación se presentó de forma oficial el pasado mes de agosto  y cuenta ya con 90 miembro, creciendo especialmente en puntos como Playa Honda, Arrecife y Playa Blanca. “Estamos trabajando en este proyecto y apenas hemos empezado. El resultado de las pasadas elecciones y los 2.721 votos logrados en Lanzarote han sido una alegría para nuestra formación y una gran sorpresa para otras. Sólo es el comienzo. No nos conformamos y necesitamos seguir creciendo”, indicaron sus portavoces en la rueda de prensa ofrecida como presentación del movimiento.
Podemos está dando forma a sus círculos a fin de llegar al Consejo Ciudadano, un aparato similar a la Junta Directiva Nacional del PP o al Comité Federal del PSOE. El proceso asambleario se divide en dos fases, una previa que transcurre desde mediados de julio a septiembre y una fase de difusión enteramente abierta a los círculos, que arranca con el análisis de tres preborradores: de principios éticos, de principios políticos y por último de principios organizativos. A partir de este punto tienen hasta el 15 para deliberar y votar documentos. Posteriormente, se abrirá un proceso de elección de los órganos directivos y por último una fase de presentación de candidatos a formar parte de esos órganos. “Vamos a demostrar que los ciudadanos podemos recuperar democráticamente las instituciones. Y que cuando estamos indignados podemos disputar el poder de las administraciones públicas”, sostienen.
El proceso comienza pero es excesivamente largo e incómodo. Rara vez las asambleas son ágiles. Suelen durar varias horas y el resultado es que muchas personas acaban autoexcluyéndose de ellas. A veces requieren de un nivel de compromiso y de dedicación que mucha gente no puede asumir.

 

Viejas maneras

El Gobierno ha expresado su voluntad de seguir adelante con la reforma electoral para elección directa de alcaldes. Lejos del cambio reclamado por la ciudadanía, la medida afianza un modelo de gestión obsoleto. “La idea es modificar las reglas del juego previo inicio del partido porque les ha venido mal el resultado obtenido y ojo que aquí PSOE y PP son lo mismo”, señala el edil del Alternativa Ciudadana. Sin embargo, los socialistas se defienden asegurando que van “a evitar con todos sus medios el pucherazo electoral perpetrado por el PP con el sistema de elección de los alcaldes”.  En España hasta ahora los cambios electorales se han adoptado bajo consenso de las fuerzas mayoritarias y mediante pactos, justo al contrario de lo que se pretende.

 

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