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Luis Miguel Coloma

90-60-90

Pocas cosas pueden representar tan bien como esta relación numérica el ideal de la proporción referida a la belleza. Un deseado estándar cuyos dígitos pueden llegar a carecer de interés cuando uno se encuentra ante una situación tan kafkiana como la que describe ‘El proceso’. En momentos así, es la proporcionalidad desnuda el bien más deseado. Sin embargo, aquí y ahora parece también lejano. Vivimos en un país en el que la Justicia se ha quitado la venda, ha agarrado el dinero y ha dejado el pedestal vacío. Sólo quedaron unas cuantas hojas caídas del guindo tras su huída. Sí. Ésa es la sensación que tenemos muchos ciudadanos. La Justicia parece haberse olvidado en el camino la proporcionalidad. Y cuando ésta falta, también huye de su lado el más común, escaso y necesario de los sentidos: el sentido común.  En varias ocasiones he oído, para mi asombro y de boca de juristas cualificados, que la justicia no tiene por qué ir de la mano del sentido común. Es evidente que así ha sido y así nos ha ido. Cuando se tambalea contra las cuerdas la igualdad de acceso a este derecho tan fundamental, la falta de proporcionalidad es la gota que colma el vaso para que la ciudadanía pierda definitivamente la fe en la Justicia, y también el respeto. Hace apenas una semana abogaba el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, por reformar la Ley de Enjuiciamiento Criminal, completamente obsoleta y pensada para castigar a “robagallinas” pero no al “gran defraudador ni los casos de corrupción”. Y esto es así cuando llevamos 36 años de presunta democracia constitucional, será porque la han dejado de lado los sucesivos gobiernos posibilitando el expolio que ahora se está descubriendo por doquier. Si no ha sido así, lo siento pero lo parece demasiado. Una Justicia en la que creen todos estos que saben que hagan lo que hagan van a salir de rositas, que nunca irán a la cárcel, que nunca devolverán el dinero robado y que se seguirán riendo de todos nosotros… Una justicia así es un cachondeo, señores. En una Justicia así, yo no creo.

 

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Como el agua...

Por alguna lamentable razón que, tristemente cada día es menos extraña, nos están metiendo día a día en un conflicto bélico global. Aunque a la medida de los tiempos que corren. Sí, verán. Es como un videojuego y unos cuantos psicópatas están jugando una partida múltiple en red. Sí, como los frikis. Juegan con la Paz mundial y con las vidas ajenas con un sadismo, enfermizo. Dense cuenta, damas y caballeros. Estamos en una cuasi tercera guerra mundial. Pero es una guerra de diseño, con un emplatado de final de Másterchef. Todo ocurre lejos. Lejos de ellos. Si alguno cae eliminado, aparecerá en su pantalla el consabido ‘Game Over’, sólo que éste habrá costado o va a costar miles de vidas y mucho sufrimiento. Pongamos que hablo de Ucrania. O de la Franja de Gaza. O de Siria… Guerras de religión en pleno siglo XXI. ¡Es de locos!  O pongamos que hablo de Irak, donde la infamia que sembraron los de la foto de las Azores permanece, salga o no en los telediarios. Pongamos que hablo del ébola en África. ¿Alguien se cree todavía que la reaparición de este virus mortífero en escena es…, casual? Pues yo veo una medida malthusiana. Un virus desarrollado en probeta que actúa contra la gente que presiona en las fronteras. Gente que huye de los países que ellos han expoliado y que amenaza su seguridad y su bolsillo.
La humanidad está podrida porque la riqueza no fluye. Está estancada en los bancos del primer mundo. Pero la riqueza, como el agua, no se puede comprimir, porque lleva al colapso. Cuando el agua viene brava, arrasa con todo a su paso. Y cuando se convierte en nieve, puede con los ejércitos más poderosos del mundo. Ya lo hizo con el de Napoleón y con el de Stalin. Lo hará también con el poder político de Merkel, porque la llave del gas para las calefacciones la tiene Putin, que el gas es suyo. Y el invierno también es suyo… El agua es un regalo de la naturaleza, no un valor de bolsa para la especulación. Es vida. ‘Be water, my friend’.

 

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Paralelismos

Hemos vivido recientemente un hito histórico para Canarias como ha sido la inauguración y puesta en marcha de la central hidroeólica de Gorona del Viento, en El Hierro. Como canario adoptivo que me considero, no puedo sino sentir felicidad, emoción y también una dosis razonable de envidia sana por la isla del Meridiano, que será a final de este año 100% sostenible energéticamente al abastecerse únicamente con energías renovables que sí tiene, el mar y el viento. Mientras, en Lanzarote (y también Fuerteventura), en la otra punta del archipiélago, sufre la amenazante espada de Damocles del petróleo, que es oro para unos pocos y negra ruina en forma de contaminación ambiental para el resto de los que aquí vivimos. Envidia porque nuestros hermanos herreños han tenido el apoyo necesario de la Unión Europea y de otros muchos organismos para sacar adelante un proyecto considerado en su día, hace más de treinta años, utópico. Gorona del Viento es fruto de una idea, de una ilusión aventurada surgida en 1981 de una oficina de energías alternativas de Unelco, cuando estas energías tenían pie y medio en la ciencia ficción. Sin embargo, corresponde a los grandes hombres sacar adelante las grandes ideas y cuando esto ocurre y se materializan, uno comprende que no debe conformarse con menos que la utopía porque la utopía es el mayor potencial de desarrollo y de crecimiento que puede existir. Aunque, claro, no está al alcance de todo el mundo. Tomás Padrón, ingeniero y primer presidente del cabildo herreño en la democracia, impulsor del proyecto de la central hidroeólica herreña; y Ricardo Melchior, ex ingeniero de Unelco y actual presidente del Cabildo de Tenerife, que fue quien creyó en el proyecto de Tomás Padrón y en él, han demostrado ser grandes hombres por lo que han aportado a su tierra: futuro y bienestar. Algo muy parecido ocurrió en Lanzarote unas décadas antes, cuando un talCésar Manrique regresó a su tierra, la reinventó, y la lanzó al mundo. También él lo fue, e igualmente estuvo rodeado de grandes hombres como Jesús Soto y el entonces presidente del Cabildo, Pepín Ramírez Cerdá.

 

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Eurodecepción

Era un sueño, una utopía alcanzable y construible. Un proyecto de paz y prosperidad forjado por grandes hombres y mujeres, para evitar que volviera a repetirse la oscura y agria historia de la primera mitad del siglo XX. Una historia llena de odios, de guerra, de imperialismo y de líderes infames. Hoy, cuando apenas ha pasado una semana de la cita con las urnas, la Unión Europea es un juguete roto. Íbamos a elegir, según apuntaba el Tratado de Lisboa, al Europarlamento con más peso de la historia comunitaria. Sin embargo, ya hay voces en las élites políticas del viejo continente que apuntan a una continuidad de la deriva actual y a que no se va a prestar mucha atención al resultado de los comicios. Se van a pasar la voluntad de los ciudadanos por el arco del triunfo, por ser más explícito. Qué vergüenza y qué pena. Sonrojo, por el desprecio descarado y continuo a la democracia. Lástima, por la foto que ha salido de estas elecciones. Un retrato demacrado, desfigurado, con una expresión de amarga soberbia. Con la mirada prepotente y sobrada del autoritarismo fascista. Un cuerpo que denota una actitud introvertida, que sospecha en el diferente la maldad propia, la propia mediocridad. Esta es la Europa que nos están dejando. Una broma pesada. Germen de un desapego creciente y cada vez más entendible. De una decepción desalentadora que urden para que bajemos los brazos y demos media vuelta quienes creíamos en esa Europa-sueño en la que entramos en 1986. Están construyendo una Europa egoísta y huraña. Una Europa para que ya no la queramos. Para que aceptemos, una vez más, como ineludible lo que a ellos les venga en gana imponernos. Y reinan la oscuridad y la avaricia. Viaja el dinero en primera clase y pasa hambre la gente. Persiste en esta Europa dirigida por trileros sinvergüenzas y desalmados el mito de la caverna de Platón. Cualquiera que ose salirse de la senda es mostrado como un monstruo que nos quiere imponer el modelo de Cuba y Venezuela. ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyéndonos al lobo? 

 

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Mad Max IV y pico

Nos vienen avisando y desde hace tiempo, pero no prestamos atención. Creemos que son sólo películas…, o libros, pero la realidad nuestra de cada día evidencia que tenían vocación profética. En 1979, Mel Gibson y Tina Turner nos mostraban una banda de desarrapados que luchaba en el desierto por el control de un bien, el agua, muy preciado y sobre todo, escaso. Hoy presenciamos cómo una simple pila de botón puede envenenar millones de litros, cómo los residuos industriales o la basura doméstica contaminan acuíferos, y cómo ya hay voces que empiezan a insinuar que el líquido elemento no tiene por qué ser un derecho básico y sí un bien de consumo como cualquier otro. La voracidad del dinero no tiene límites... Medio siglo antes, George Orwell escribió 1984. Una obra futurista –y profética- sobre el autoritarismo que el siglo XX tuvo el mal gusto de corroborar y que, no contentos con ello, ahora vamos por la amarga senda de la reincidencia con una nueva fórmula: el ‘austeritarismo’. Cuando el dinero manda, y lo hace a través de las multinacionales, el ser humano se convierte en moneda de cambio. En cobaya de laboratorio social y, además, sujeto de espectáculo televisivo. Que ya Orwell nos anticipó la fórmula ‘Gran Hermano’ como el amo omnipresente. Prosigue la distorsión y el dinero da otra vuelta de tuerca al ser humano con el fútbol como circo del siglo XXI. Un circo romano en el que los gladiadores mueren durante la construcción de los recintos, como está ocurriendo en Qatar. El último dato, de hace más de un mes, contabilizaba 1.200 obreros muertos en las obras de los estadios para el mundial de fútbol en este emirato de la península arábiga. Un país que, según el informe de Amnistía Internacional de 2011, tiene la pena capital vigente, hay discriminación y violencia contra las mujeres, no se respetan la libertad de expresión ni la de circulación, y se manda a gente a la cárcel sin cargos ni juicio, entre otras lindezas. Pero, claro, tienen dinero, petróleo y van a invertir en fútbol... ¡Fútbol! ¿Quién se resiste?

 

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