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La Graciosa se volvió silencio

Miguel Páez inicia sus colaboraciones con Revista Jable narrando cómo es vivió en la isla pequeña la tan inédita situación del Estado de Alarma 

 

Por Miguel Páez

 

Muchas son las personas que me han preguntado si durante el estado de alarma en La Graciosa respetamos la cuarentena, yo siempre les contesto que sí. Igual que en el resto del país, cuando nos enteramos que había que confinarse nos metimos en casa y solo salíamos para lo estrictamente necesario. Es cierto que en la isla estábamos nosotros solos, y que no se había registrado ningún caso, pero aun así la gente prefirió cuidarse.


Recuerdo que los primeros días fueron de búsqueda de información, de saber qué estaba pasando, cómo se transmitía el virus y cómo podíamos evitar contagios. Estábamos pendientes de la evolución de la pandemia, con la esperanza de que la controlaran pronto, hasta que nos dimos cuenta que esa situación iba para largo.


La Graciosa se volvió silencio, no se veían ni niños ni mayores por la calle, era algo muy extraño, la mayoría de los negocios estaban cerrados, solo estaba abierta la farmacia, la ferretería y los establecimientos de alimentación. Los barcos que hacían el trayecto Caleta del Sebo – Orzola, redujeron su frecuencia a uno por la mañana y otro por la tarde.


Para nuestra sorpresa, uno de esos días, los medios de comunicación comenzaron a hablar de La Graciosa, les resultaba curioso que en una pequeña isla habitada de Canarias no se hubiese registrado ningún caso. Nos llamó la atención que en los comunicados oficiales fuésemos tratados como un territorio independiente de Lanzarote y tal fue así que, cuando comenzó el proceso de desescalada, nos vimos en cabeza junto a La Gomera y el Hierro.


En tan solo unas semanas pasamos de estar encerrados a vernos sentados en una terraza, aunque estaba permitido, la mayoría de los negocios optó por no abrir sus  que no llegaran los primeros turistas. Eso sucedió a principios de junio, con la llegada de los canarios, de manera tímida los establecimientos fueron dotándose de mascarillas, de geles hidroalcoholicos, y poco a poco comenzaron a trabajar.


Podríamos decir que este ha sido un verano muy bueno, económicamente hablando, porque a la isla no paran de llegar turistas que hacen que la maquinaria se mantenga en marcha. En cuanto a historias, este periodo nos ha acercado aún más a la realidad que estamos viviendo, hemos escuchado testimonios de personas que han vivido de cerca la enfermedad o dos turistas han sido diagnosticados como positivos mientras pasaban aquí sus vacaciones.


Lo que ocurrirá en las próximas semanas aún es una incógnita, lo que sí es una certeza es que, desde las instituciones, empresas, colectivos y a nivel individual se está haciendo un gran esfuerzo para sobrellevar esta situación y salir victoriosos.

 

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